La dependencia emocional se produce al no haber satisfecho adecuadamente necesidades emocionales a lo largo de la vida, sintiendo frustración y vacío emocional, intentando satisfacer estas necesidades emocionales de manera inadecuada con otras personas, especialmente con la pareja.
No obstante, esta dependencia emocional se puede identificar reconociendo una serie de aspectos evidentes que se dan en mayor o menor grado, en donde algunos rasgos estarán muy acentuados para unos dependientes emocionales y otros no tanto, pero que afectan significativamente a las relaciones de pareja generando deterioro y sufrimiento.
Veamos cuáles son estos rasgos claves de la Dependencia Emocional:
La pareja, ante todo
La relación de pareja se convierte en una prioridad que se va anteponiendo paulatinamente sobre el resto de cuestiones importantes en su vida renunciando a ellas: personas (amigos, familia e incluso los hijos) actividades (aficiones, deporte, etc.), responsabilidades (trabajo, etc.). Tiende a adaptar su propia vida a la vida del otro, dejando de tener vida propia, de tal manera que convierte las costumbres, aficiones, deseos, rutinas, estados de ánimo, etc. de su pareja en suyas, lógicamente, en la medida de sus posibilidades. Su vida sólo tiene sentido con una relación de pareja.
Necesidad imperiosa de contacto permanente con la pareja
La persona con dependencia emocional necesita constantemente acceso a su pareja y el mayor contacto posible. De una u otra forma, presionará a su pareja para que le preste atención, termine sus responsabilidades o actividades cuanto antes y se reúna con él/ella. Estando físicamente con su pareja, exprime el máximo tiempo disponible que puedan estar juntos, manteniendo un contacto estrecho. Si no está físicamente con su pareja, el asedio continuo de llamadas, mensajes o búsqueda del otro por cualquier medio será continuo, generando agobio en la pareja “obligándole” a poner límites (“necesito mi espacio personal”, “no me llames tanto”, “ no voy a responder a todos los mensajes que me envías”, “hay cosas que voy a hacerlas sin ti”, etc.) que el dependiente emocional no tiene más remedio que acatar puesto que siempre es mejor que la ruptura.
Idealización de la pareja
El trastorno por dependencia emocional provoca que se maximicen cualidades y virtudes de la pareja a la vez que se minimizan sus defectos, creándose una imagen idealizada y sobrevalorada, alejándose, por tanto, de una imagen objetiva y equilibrada de la verdadera forma de ser de la pareja. No obstante, la idealización no se produce por las cualidades en sí de la pareja, sino por la admiración que se crea en torno a su persona, por el relleno que supone esta al vacío emocional que tiene la persona dependiente.
Miedo a la soledad
Para las personas con dependencia emocional, la soledad o estar sin pareja les produce un malestar que puede generar angustia y hasta pánico, sintiéndose abandonadas y que nadie les quiere. Por eso, la relación de pareja es el centro y sentido de su vida, a la cual se aferran obsesivamente. Si no tienen pareja combatirán ese miedo a la soledad teniendo frecuentes aventuras y flirteos.
Miedo al abandono o ruptura de la pareja
El abandono o ruptura de la pareja es el peor escenario para el dependiente emocional. Solamente la idea de pensarlo o la posibilidad de que se produzca le genera un miedo profundo, ansiedad y gran sufrimiento, puesto que la vida sin pareja carece de sentido y aunque en la relación esté mal, sin ella se sentirá mucho peor. Cualquier forma de rechazo o gesto de desaprobación, falta de interés, atención o cariño, le conectará con la idea de abandono y aparecerá la ansiedad y el pánico, puesto que la relación de pareja es lo más importante de su vida.
Comportamiento sumiso
El miedo al rechazo, abandono o ruptura de la pareja provoca un comportamiento sumiso como estrategia eficaz para neutralizar dichas situaciones y evitar el sufrimiento que ello le supondría. Este comportamiento sumiso de complacencia y satisfacción de los deseos y necesidades de la pareja, justificando cualquier acto suyo y permitiéndole todo o casi todo, permite que se pueda llegar a situaciones de sumisión graves como malos tratos, tolerar infidelidades, humillaciones e incluso defender una relación de este tipo con tal de que no haya ruptura.
Baja autoestima
La persona con dependencia emocional condiciona su autoestima a la relación de pareja, de tal manera que al inicio de la relación su autoestima sube brevemente por el sentimiento de no soledad y pertenencia, pero a medida que se va desarrollando la relación y aparecen los comportamientos dependientes y de sumisión, la autoestima se va dañando, alimentando a su vez la necesidad y dependencia de la pareja para que su vida tenga sentido.
Necesidad de agradar y complacer
El deseo intenso de acogida, validación, reconocimiento y aceptación de los demás causado por la baja autoestima, se manifiesta por una necesidad de agradar y complacer al otro. Es por esto que el dependiente emocional se adapta a las necesidades, deseos y objetivos de la pareja renunciando a los propios, porque de esta forma siente la validación del otro, reforzándose a su vez el comportamiento sumiso.
Ansiedad y depresión por la separación
Cuando se produce la separación o ruptura de la pareja, la persona afectivo dependiente queda desbordada por la obsesión producida por pensamientos recurrentes sobre la relación perdida, sentimientos profundos de culpa, autodesprecio por los errores cometidos, etc. provocándole ansiedad y tristeza profunda que se acaba materializando en depresión. No obstante, para aliviar este sufrimiento generado por el sentimiento de pérdida, intenta recuperar la relación o mantener el contacto con la pareja, aunque la relación esté totalmente finalizada.
Referencias: Castelló Blasco, J. (2005). Dependencia emocional, características y tratamiento. Alianza Editorial.








